A una semana de los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 que golpearon el centro y norte de Venezuela, las cifras oficiales ya registran 2.295 personas fallecidas y 11.267 heridas. La Organización de las Naciones Unidas estima además que hay unas 50.000 personas desaparecidas, y advierte que la emergencia entra en una etapa crítica por la falta de recursos básicos.
El nuevo riesgo: enfermedades e infecciones
Si bien continúan las tareas de rescate —incluso se siguen hallando sobrevivientes más allá de los plazos habituales, como el niño de 3 años rescatado tras seis días bajo los escombros—, médicos y organismos humanitarios alertan que ahora el mayor peligro no son los traumas directos, sino las heridas sin tratar y las enfermedades infecciosas.
“Ya pasamos el pico de los traumas graves, pero ahora llegan complicados por infecciones”, explicó Eugenio Cova, jefe de Traumatología de un hospital de Caracas. La escasez de insumos —placas, tornillos, gasas, antibióticos— es crítica: el gobierno informó que 38 centros de salud quedaron dañados o inutilizables en todo el país.

Situación de los desplazados
Más de decenas de miles de personas perdieron sus hogares y duermen en refugios abarrotados o a la intemperie, sin agua potable ni servicios sanitarios. Las condiciones precarias aumentan el riesgo de brotes de enfermedades que, si no se controlan a tiempo, podrían causar más muertes que el propio sismo.
Operativos en marcha
Equipos de rescate de más de 25 países siguen trabajando en las zonas más afectadas, principalmente en La Guaira, la región más devastada. Mientras tanto, la ONU y organizaciones internacionales piden agilizar el ingreso de ayuda humanitaria para cubrir alimentos, agua, medicamentos y refugios temporales.
















