A pocas horas de haberse anunciado el histórico cese de las operaciones militares en Medio Oriente, surgieron las primeras discrepancias en torno a la letra chica del pacto logístico y comercial. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, utilizó su plataforma Truth Social para celebrar la reactivación del transporte marítimo global, asegurando que los buques cargados de crudo “están empezando a zarpar” y a circular a través del estratégico estrecho de Ormuz bajo condiciones de total seguridad.
Sin embargo, el anuncio oficial de la Casa Rosada y las proyecciones del ala republicana chocaron rápidamente con la postura económica adoptada por Teherán. Mientras que el vicepresidente estadounidense, JD Vance, manifestó públicamente la firme expectativa de Washington de que se elimine por completo cualquier tipo de peaje en ese corredor —por donde transita el 20% del petróleo mundial—, las autoridades de la República Islámica respondieron con una advertencia regulatoria, aclarando que todas las embarcaciones que atraviesen el paso clave deberán abonar aranceles específicos bajo el concepto de “servicios de navegación”, además de otros cargos operativos.

Pese a este foco de tensión arancelaria en el Golfo Pérsico, las delegaciones diplomáticas continúan ajustando los preparativos de cara a la cumbre del próximo viernes 19 de junio en Suiza, donde se formalizará de manera institucional el tratado que busca garantizar la estabilidad definitiva de la región.
















