El presidente de la FIA, Mohammed Ben Sulayem, ha puesto sobre la mesa una ambiciosa propuesta técnica para la futura reglamentación de motores, cuyo estreno está programado para 2031, aunque el organismo buscará el consenso con los fabricantes para anticipar su introducción al año 2030. El proyecto del dirigente emiratí se centra en el retorno de un motor V8 atmosférico de 2,6 litros alimentado por combustible sostenible, complementado con un sistema KERS común que aportaría una potencia adicional de entre 122 y 136 caballos. El principal propósito de esta iniciativa es diseñar un propulsor significativamente más ruidoso y ligero que permita mejorar los autos y la acción en pista, inspirándose en el gran espectáculo vivido en las temporadas 2012 y 2013, al tiempo que se establece un estricto límite económico para que el costo de producción de cada unidad de potencia no supere el medio millón de euros.
Una de las medidas más drásticas para garantizar el control presupuestario y frenar los excesos financieros actuales es la regulación del combustible sintético, fijando un precio máximo de diez euros por litro en contraste con los valores del e-fuel de la actualidad, que llegan a superar los 200 euros. Asimismo, el proyecto plantea la unificación del sistema híbrido mediante un único proveedor técnico para todos los motoristas, una estrategia orientada a mitigar los gastos que ya se ha implementado previamente en el Mundial de Rallies. En el aspecto logístico y competitivo, la Federación aspira a propiciar la entrada de un proveedor de motores independiente, al estilo de lo que representó Cosworth en el pasado, permitiendo que las escuderías tengan una alternativa para dejar de ser clientes de estructuras que al mismo tiempo son sus rivales directos en los circuitos, descartando por completo la idea de imponer un motor único para toda la parrilla.

La propuesta también contempla debates profundos sobre la estructura de las competencias, evaluando la posibilidad de reintroducir los repostajes de combustible durante las carreras. No obstante, el borrador normativo ya genera divergencias marcadas entre los constructores actuales, dado que firmas como Mercedes y Audi manifiestan su oposición al concepto atmosférico y exigen la inclusión de un turbocompresor debido a que la eficiencia representa un requisito ineludible para sus programas de desarrollo. Por el lado de otros equipos, Renault ha desestimado por el momento sumarse a esta vía técnica bajo el nombre de Alpine, mientras que firmas como Aston Martin evitan dar definiciones y McLaren, a través de Zak Brown, se muestra más receptiva a evaluar la alternativa de convertirse en fabricante bajo estas nuevas reglas de juego.
















