Esa intervención decisiva de Leandro Paredes sobre el final del partido fue tan importante como la famosa atajada de Emiliano Martínez ante Kolo Muani en la final del Mundial de Qatar. De haber fallado, Egipto habría marcado el 3-2 y la historia del encuentro habría sido totalmente distinta.
Al ser consultado, el mediocampista explicó: “No lo volví a ver, pero se venían muchos y muy rápido. Si sirve para ayudar, bienvenido sea. En el momento no me di cuenta de la magnitud, pero cuando terminó me di cuenta de lo que significó y fue muy gratificante”.
Este triunfo sirve para recordar un valor que, a veces, parece quedar en segundo plano frente al juego elaborado. Aunque en esta etapa Argentina no mostró su mejor nivel futbolístico, volvió a aparecer esa cualidad que distingue al equipo: la garra, el corazón y el amor propio. “Estos jugadores no los van a dejar tirados”, señaló Lionel Scaloni en la conferencia posterior, resaltando esa fortaleza mental.

Mientras otras figuras internacionales terminan llorando por la eliminación, las lágrimas de Lionel Messi y de todo el plantel fueron de alegría. El partido cambió por completo: en un principio, cuando Egipto ganaba 2-0, eran los rivales quienes festejaban y creían tener el resultado asegurado; al final, fueron ellos quienes quedaron desconcertados, mientras que la Selección Argentina confirmó que, incluso cuando no juega su mejor fútbol, tiene la capacidad de sobreponerse y ganar.















