La designación de Slavko Vincic para dirigir la gran final del Mundial de 2026 entre la Selección Argentina y España, este domingo en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, volvió a poner bajo los reflectores no solo su destacada trayectoria profesional, sino también un polémico episodio de su pasado personal. A sus 46 años, el esloveno es considerado el mejor árbitro de su país, es internacional desde 2010 y cuenta con un recorrido de élite en el que sobresalen la semifinal de la Nations League 2023 entre España e Italia, la final de la Champions League 2024 entre Real Madrid y Borussia Dortmund, y el cruce del Mundial de Clubes 2025 entre River y Monterrey, donde expulsó al colombiano Kevin Castaño. En el plano mundialista, el partido del domingo marcará su sexto juego en este tipo de citas, sumando un total de quince tarjetas amarillas y una roja en su historial, con el antecedente de haber impartido justicia en la derrota de la Albiceleste por 2-1 ante Arabia Saudita en el debut de Qatar 2022, que representa la última caída del conjunto argentino en este certamen.

Sin embargo, detrás de su reputación deportiva se esconde un escandaloso suceso ocurrido en 2020, cuando fue arrestado por la policía en una cabaña en Bijeljina, Bosnia y Herzegovina, bajo sospechas de vinculación con una red de prostitución y tráfico de armas y drogas. Durante el operativo de su aprehensión, las fuerzas de seguridad incautaron diez armas de fuego, tres chalecos antibalas, catorce paquetes de cocaína, más de diez mil euros en efectivo y detuvieron a nueve mujeres y veintiséis hombres. En aquel momento, trascendió que Vincic se encontraba almorzando junto a Tijana Maksimovic, señalada como la presunta líder de la organización ilícita. Ante la gravedad de la acusación, el propio árbitro negó rotundamente cualquier implicación en las actividades delictivas, explicando que simplemente había aceptado una invitación a comer y que encontrarse en ese lugar había sido el mayor error de su vida, una versión que fue respaldada por la Federación de Eslovenia al catalogar todo el incidente como un malentendido en el que el juez estuvo en el sitio equivocado en el momento inadecuado.
















