Un fallo informático en el motor Mercedes desencadenó una serie de imprevistos que dejaron casi inmóvil a George Russell en la grilla de salida del Gran Premio de Hungría. Tras romper su impulsor el sábado al golpear un bordillo y sufrir una fuga de agua, el equipo debió reemplazar la unidad de potencia completa antes de la prueba dominical. Durante el procedimiento previo a la largada, el motor montado comenzó a subir de revoluciones de manera incontrolada sin responder al pedal de aceleración manipulado por el británico. Al percatarse de que el régimen superaba las 12700 rpm normales para alcanzar picos inéditos cerca de las 12800 rpm, Russell levantó el pie reduciendo la presión a menos del 10% en un intento por estabilizar la potencia. No obstante, al momento de soltar el embrague, el desplome del régimen motor hasta las 4500 rpm activó de manera automática el sistema anti-calado, provocando una severa pérdida de posiciones en el arranque. El propio director de la escudería, Toto Wolff, confirmó que la maniobra del piloto fue una reacción instintiva ante el descontrol electrónico y no la causa de la falla. La escuadra alemana reconoció que este tipo de anomalía en el software ya se había presentado de forma aislada durante las pruebas de pretemporada en Bahréin, cerrando un complejo inicio de certamen para el corredor británico antes del receso veraniego.

















