La conmemoración del Día de la Independencia en Tucumán dejará en evidencia, una vez más, la marcada fractura en la fórmula presidencial. A diferencia de Javier Milei, cuya permanencia en la provincia norteña se limitará a solo dos horas, la vicepresidenta Victoria Villarruel resolvió prolongar su estadía. Esta decisión responde a un convite directo del gobernador Osvaldo Jaldo, en un contexto donde la Casa Rosada volvió a dejarla al margen de la comitiva oficial.
El escenario político anticipa que, si bien ambos mandatarios coincidirán el miércoles por la noche en la vigilia oficial, no se prevé ningún saludo protocolar entre ellos. Mientras el Ejecutivo nacional enfoca sus esfuerzos en conseguir una fotografía conjunta con los mandatarios provinciales para impulsar sus reformas, las áreas de ceremonial de la Nación, el Senado y Tucumán deben coordinar a contrarreloj una ingeniería logística para ubicar a la titular de la Cámara Alta en un sitio que evite la incomodidad de Milei. De hecho, Karina Milei dio directivas estrictas para que la vicepresidenta no comparta el estrado ni los espacios asignados al Gabinete nacional.

Este desplazamiento repite el esquema de lo ocurrido el pasado 20 de junio en Rosario, donde Villarruel concurrió por su cuenta y fue cobijada por las autoridades locales lejos de la primera línea del Gobierno. En esta oportunidad, la autonomía de la vicepresidenta es todavía más evidente: al quedarse en Tucumán durante el jueves para cumplir actividades junto a Jaldo, se ausentará del Tedeum que compartirá el presidente en la Ciudad de Buenos Aires.
Una fractura con la mira en el escenario político
La tensión entre ambos sectores refleja un quiebre que ya parece no tener retorno. Desde el círculo cercano al presidente desconfían abiertamente del rol de Villarruel en el Congreso, señalándola por supuestos entendimientos con bloques de la oposición peronista. Detrás de este recelo asoma la proyección de la vicepresidenta como una alternativa de corte nacionalista y derecha moderada para el año 2027, un perfil que genera simpatías en sectores militares, del empresariado y del peronismo tradicional.
Los cruces entre las partes combinan diferencias de gestión y cuestionamientos éticos. Tiempo atrás, la propia Villarruel lanzó un fuerte descargo en sus redes sociales expresando que no roba ni realiza negocios con el Estado, en lo que se leyó como un mensaje directo hacia la Secretaría General de la Presidencia.
A esto se suman discrepancias de fondo en materia económica. La titular del Senado ha criticado abiertamente la política de apertura de importaciones y el vínculo comercial con China, advirtiendo sobre el riesgo de perder soberanía industrial frente a un régimen comunista y trazando un paralelismo con el modelo de Donald Trump al asegurar que, para ella, la prioridad absoluta es la Argentina. Con este panorama de fondo, sus actividades paralelas en territorio tucumano consolidan un perfil propio que genera fuerte inquietud en la cúpula de La Libertad Avanza.
















