Tras 15 años de carrera bajo la representación y producción integral de Alejandro Stoessel, Tini Stoessel avanzó en la toma de control absoluto de su patrimonio. A través de un pliego de condiciones legales y económicas, la artista dictaminó el apartamiento de su progenitor de la gestión administrativa, anuló sus autorizaciones bancarias y dispuso una reestructuración completa de sus ingresos mediante un equipo externo compuesto por personas de su confianza: Lucas, Sofía y Coni.
El proceso de transición comenzó entre junio y julio, momento en que su padre dejó de representarla. El objetivo de las nuevas medidas es desarmar el esquema previo, en el cual los contratos, derechos de imagen y cobranzas de presentaciones internacionales, como su gira por México, se canalizaban mediante firmas vinculadas a su padre, entre ellas Signia Light. Bajo ese mecanismo, la recaudación ingresaba a cuentas corporativas administradas por él para su posterior distribución; la meta actual apunta a que la totalidad de los cobros y regalías tributen directamente hacia la nueva estructura independiente.

La disputa generó repercusión mediática e intensas posturas en redes sociales. Mientras ciertos trascendidos exponen que la cantante concretaba facturaciones esporádicas de entre 50.000 y 300.000 pesos a una SRL y señalan presuntas irregularidades por valores superiores, el entorno familiar busca alcanzar un cierre formal. La firma de un acuerdo resulta apremiante debido al delicado estado de salud de Alejandro Stoessel y a denuncias de amenazas hacia la familia, sin descartar que el productor declare públicamente sobre su rol en la construcción de la carrera de la cantante en caso de no lograr un arreglo favorable.
















