El embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, manifestó que la prioridad de la Casa Blanca es reducir la tensión entre la Argentina y el Reino Unido por la disputa de soberanía de las Islas Malvinas antes de evaluar cualquier otra medida. Consultado sobre qué haría su país ante un hipotético conflicto armado en el Atlántico Sur y si respaldaría militarmente a Gran Bretaña, el diplomático evitó dar una respuesta directa y señaló que esa decisión corresponde al presidente Donald Trump. “Creo que buscaríamos desescalar antes de llegar tan lejos”, afirmó.
Mike Waltz destacó los vínculos de Washington con ambas naciones: “La Argentina es una gran amiga de Estados Unidos”, expresó, al tiempo que recordó la histórica relación especial que une a su país con el Reino Unido. Sobre la posibilidad de brindar apoyo militar, indicó que cualquier definición quedará en manos de la Presidencia. Las declaraciones se producen en un contexto en el que el propio Donald Trump ha generado incertidumbre sobre la postura estadounidense, al señalar que analiza cada posición y poner en duda la capacidad británica de desplegar fuerzas a esa distancia. El primer ministro británico, Andy Burnham, planteó el tema directamente a Donald Trump durante la Asamblea General de la ONU y aseguró que mantendrá la postura de defender el derecho de autodeterminación de los isleños.

El punto central de la disputa es el proyecto petrolero Sea Lion, en la Cuenca Malvinas Norte, en el que participan las empresas Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration. La Argentina considera que las operaciones carecen de su autorización y ha impulsado medidas administrativas, denuncias penales y un proyecto de ley para endurecer sanciones. El 28 de septiembre, el presidente Javier Milei instruyó iniciar un arbitraje internacional para frenar la explotación, mientras que una jueza federal ordenó detener las tareas hasta que se realice una evaluación ambiental, aunque su cumplimiento fuera de la jurisdicción nacional sigue siendo un punto pendiente. Las compañías y el Reino Unido sostienen que cuentan con las licencias necesarias y que la producción comenzaría en 2028.
















