A cuatro décadas del histórico partido por los cuartos de final del Mundial de México 1986, el fotógrafo Eduardo Longoni recuerda cómo capturó una de las imágenes más trascendentales de la historia del fútbol: el primer gol de Diego Maradona a Inglaterra en el Estadio Azteca. Aunque hoy vive la previa de los partidos con gran ansiedad, el reportero confiesa que en aquel entonces estaba sumido en la tranquilidad de la concentración de su trabajo analógico, pendiente de sus lentes y el laboratorio.
En ese momento, Longoni se desempeñaba de forma independiente y colaboraba con la agencia Noticias Argentinas. Su fotografía en blanco y negro circuló rápidamente por redacciones locales e internacionales en una época donde el color aún no era la norma. Inicialmente, no le dio a su captura la relevancia que ganaría después; pensaba que era una toma que cualquier otro colega podría haber logrado. Sin embargo, con los años comprendió que fue el resultado de una mezcla de técnica, intuición y azar.
Durante el encuentro, el fotógrafo no gozaba de una buena ubicación en el campo de juego. Se encontraba cerca del poste izquierdo del arquero inglés Peter Shilton, con la red tapándole una parte de la cancha. Ante un primer tiempo parejo y la desesperación por conseguir una imagen que justificara su jornada, Longoni decidió disparar en una escena donde la mayoría de los reporteros bajaba sus cámaras, dando por sentado que el arquero controlaría el balón. A través del visor de su cámara réflex, vio levantarse una sombra que resultó ser Maradona. Debido al sistema de las cámaras de la época, cuyo espejo se levantaba al disparar, Longoni no pudo ver realmente el resultado de la toma hasta que reveló el rollo en las entrañas del propio estadio.

Sin la inmediatez de internet ni las redes sociales, el impacto de la fotografía no fue instantáneo. Aquella noche, el reportero fue a cenar con amigos sin saber si era el único que poseía esa imagen. Para él, esa tarde marcó un quiebre definitivo: Maradona entró al Azteca como el mejor del mundo y salió transformado en un mito, tras firmar en apenas cinco minutos tanto ese polémico gol como el que es considerado el mejor de la historia del fútbol.
Con el tiempo, la dimensión de la fotografía superó lo estrictamente deportivo. Un historiador mexicano le señaló que se trataba de una imagen eminentemente política, al retratar el acto de rebeldía del jugador más rebelde de la historia. Longoni coincidió con esta mirada, valorando que la toma se desplazara hacia un terreno político, una temática que siempre le despertó interés profesional. Asimismo, el fotógrafo reconoce que, si bien el fútbol no debe confundirse con un conflicto bélico como la Guerra de Malvinas, jugar contra Inglaterra despierta inevitables sentimientos cruzados en los que nadie quiere perder.

Al día siguiente del partido de 1986, Longoni se acercó a la concentración argentina y le regaló a Maradona la copia original que había revelado en el estadio. Diego la recibió con una sonrisa antes de retirarse a su habitación. Décadas más tarde, en 2016, volvieron a coincidir en un homenaje televisivo. En esa ocasión, el astro reconoció la histórica imagen y le comentó con humor: “Fue la foto que me mandó en cana”.
A pesar de las críticas que tildan la jugada de trampa, Longoni defiende la acción apelando a la esencia del juego, argumentando que el VAR desnaturaliza un deporte que se nutre de pequeños engaños y picardías, similares a los de una gambeta. Actualmente, frente a un nuevo cruce mundialista contra Inglaterra, el fotógrafo comparte la tensión del resto de los argentinos y coincide con la postura del director técnico Lionel Scaloni de separar el fútbol de los fusiles. No obstante, admite que el rival posee un peso simbólico innegable y que el sentimiento general no sería el mismo si el oponente fuera cualquier otra selección.
















