El sufrimiento psicológico ha trascendido el ámbito privado de la consulta profesional para convertirse en un fenómeno visible en escuelas, centros de salud, ámbitos académicos y redes sociales. Problemáticas como la ansiedad, los consumos problemáticos, las conductas violentas y el malestar en la infancia han cobrado un protagonismo central en la discusión pública argentina, impulsadas en gran medida por la labor de psicólogos e investigadores que vinculan la subjetividad humana con el contexto social contemporáneo.
En este marco, la Fundación Konex otorgó este año el Diploma al Mérito a cinco referentes de la psicología en el país: Gabriela Dueñas, Marisa Punta Rodulfo, Alicia Stolkiner, Fernando Urribarri y Hugo Vezzetti. A pesar de contar con trayectorias diversas, estos especialistas comparten el propósito de replantear la comprensión del padecimiento psíquico, los vínculos afectivos y las políticas públicas de cuidado, articulando la psicología con disciplinas como la educación, el derecho, la salud pública y las ciencias sociales.

Entre las reflexiones destacadas, la doctora en Psicología y especialista en Educación Gabriela Dueñas advierte sobre la “juvenilización del malestar”, concepto que describe el incremento de situaciones de angustia, autolesiones y aislamiento extremo en niños y adolescentes. Dueñas señala que el trasfondo de esta situación no reside únicamente en la cantidad de diagnósticos, sino en el desamparo en que crecen las infancias, cuestionando la inclinación a buscar etiquetas diagnósticas en lugar de indagar en las condiciones del entorno familiar y social.
Por su parte, Alicia Stolkiner, investigadora del CONICET y referente en salud mental comunitaria, distingue dos enfoques coexistentes en la disciplina: uno orientado al diagnóstico y tratamiento individual, y otro que aborda el malestar desde una perspectiva colectiva e interdisciplinaria mediante políticas públicas. Stolkiner ubica entre los desafíos más urgentes el aumento de cuadros depresivos, crisis de pánico, conductas de violencia y el suicidio en edades cada vez más tempranas. Estas manifestaciones, según explica, obedecen a la confluencia de factores económicos como la precarización laboral, el debilitamiento de los lazos familiares e institucionales, y las dinámicas aceleradas de la vida contemporánea.
El panorama conceptual se complementa con las contribuciones de otros profesionales reconocidos: Marisa Punta Rodulfo, desde el psicoanálisis infantil, ha aportado herramientas para comprender la construcción de la subjetividad en la niñez; Fernando Urribarri ha actualizado el estudio de los procesos inconscientes frente a las problemáticas del siglo XXI; y Hugo Vezzetti ha explorado la historia de la psicología y el psicoanálisis en Argentina, vinculando la salud mental con la memoria colectiva y los procesos políticos.
Frente a la crisis actual, los especialistas coinciden en la importancia de evitar la medicalización automática. Dueñas propone restablecer a la familia y la escuela como espacios de escucha y promover un abordaje intersectorial entre salud, educación, desarrollo social y justicia. Asimismo, formula un esquema preventivo de tres niveles: el primero enfocado en asegurar entornos protectores con aulas reducidas y equipos de acompañamiento; el segundo centrado en la capacitación de docentes y familias para detectar señales de malestar sin diagnosticar de forma apresurada; y el tercero orientado a brindar un acompañamiento digno en casos donde el padecimiento ya está presente, evitando que el psicofármaco sea la única respuesta, en consonancia con la Ley Nacional de Salud Mental. En la misma línea, Stolkiner remarca la necesidad de integrar la psicología en políticas de cuidado integrales y fortalecer los lazos sociales frente a las tendencias de aislamiento.
















