Una tragedia evitable puso al descubierto el prolongado deterioro infraestructural que padecen los habitantes del pasaje Miguel Cané y Saavedra, en el barrio Villa Luján. Tras cuatro años de reiterados reclamos, notas formales acompañadas por firmas vecinales y un expediente fotográfico que acreditaba el hundimiento de una boca de registro, la respuesta institucional recién llegó luego de que un niño de tres años cayera en el pozo desprotegido y debiera ser internado.
El accidente motivó la llegada inmediata de los operarios de la Sociedad Aguas del Tucumán para colocar una nueva cubierta y señalizar el sector. Sin embargo, la intervención oficial no estuvo exenta de controversia. Mientras desde la empresa se sugirió que el peligro obedecía al robo de la tapa, los propios residentes desmintieron la versión al señalar que la estructura deteriorada permanecía en el lugar, habiéndose hundido por el colapso de las paredes que debían sostenerla.

La caída del menor expuso una problemática integral que trasciende a esa esquina en particular. Durante años, la rutina de la cuadra estuvo marcada por constantes desbordes de efluentes cloacales que inundaban calzadas y accesos a garages. Las tareas de limpieza enviadas de forma eventual solo otorgaban un alivio de un par de días antes de que los líquidos servidos volvieran a ganar las calles, obligando a las familias a convivir con emanaciones insoportables y a desinfectar sus viviendas de manera permanente para evitar focos de infección.
Los riesgos en la zona ya contaban con antecedentes alarmantes, como el rescate de mascotas atrapadas en el barro contaminado, pero la falta de soluciones de fondo agravó el panorama con el paso del tiempo. A la saturación del sistema cloacal se suman filtraciones de agua potable que socavan el terreno por debajo del pavimento, provocando el paulatino undimiento de las veredas e inestabilidad en el suelo, una situación que se vuelve crítica durante las tormentas cuando el agua tapa por completo los cordones.
Entre la indignación por haber tenido que esperar un hecho grave para ser escuchados y el temor a que las reparaciones actuales sean solo parches superficiales, en la zona crece la preocupación por la capacidad de la red existente para tolerar el desarrollo inmobiliario circundante. La demanda comunitaria exige una revisión profunda de la infraestructura urbana que devuelva la seguridad al tránsito diario del vecindario.
















