El International Tennis Hall of Fame abrió sus puertas en Newport, Rhode Island, para rendir tributo a una de las figuras más trascendentales en la historia del deporte. A sus 45 años, el suizo Roger Federer quedó formalmente oficializado como integrante de la Clase 2026 del recinto, coronando una trayectoria que no solo se midió por conquistas numéricas, sino por haber rediseñado la estética de la disciplina mediante una compostura impecable y una elegancia técnica que tuvo en su revés a una mano su marca registrada.
La jornada ofreció un recorrido emocional por la transformación de aquel adolescente temperamental de Basilea que solía romper raquetas en sus comienzos, hasta consolidarse como el referente absoluto del juego limpio a lo largo de dos décadas. Durante la Era Dorada que protagonizó junto a Rafael Nadal y Novak Djokovic, el atleta suizo cosechó 20 coronas de Grand Slam, destacando su récord de ocho trofeos en la hierba de Wimbledon y completó el Grand Slam de Carrera al conquistar Roland Garros en 2009. Además, acumuló 103 títulos ATP que lo ubican como el segundo máximo ganador de la Era Abierta y permaneció 310 semanas en la cima del ranking mundial, ostentando la marca histórica de 237 semanas consecutivas al frente del circuito.

El momento culminante de la velada tuvo un tinte íntimo con la sorpresiva aparición en el micrófono de su esposa, Mirka Vavrinec. Quien fuera su compañera por más de 15 años rompió su habitual perfil bajo para presentar a su marido, evocando los inicios de su relación durante los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, época en la que un joven Federer de 18 años aún no registraba títulos en su palmarés, para remarcar que la calidad humana del deportista supera con creces sus logros en la pista.
Entre lágrimas y bromas sobre la necesidad de usar pañuelos para afrontar el momento, Federer correspondió el gesto definiendo a Mirka como el pilar fundamental de su carrera, valorando su rol multifacético como entrenadora, compañera de entrenamiento y sostén emocional a lo largo del trayecto. Durante su intervención, el tenista repasó el trasfondo familiar que implicó criar a sus dos pares de mellizos Myla, Charlene, Leo y Lenny, en plena exigencia competitiva, extendió su gratitud hacia sus padres Robbie y Lynette, sus entrenadores, y dedicó un especial guiño a los jóvenes recogepelotas, recordando con nostalgia que él mismo ocupó ese rol en sus inicios antes de escribir las páginas doradas del tenis mundial.
















