El Barrio Oeste II de San Miguel de Tucumán se encuentra inmerso en una profunda tensión marcada por reiteradas balaceras, intimidaciones y un clima generalizado de inseguridad. La causa principal de este escenario reside en la histórica disputa territorial por el control del narcomenudeo entre dos facciones rivales, lideradas por Javier “Chuky” Casanova y Santiago “Cara i Gota” Villafañe. La posible presencia de Casanova en el vecindario, tras haber obtenido el beneficio de la prisión domiciliaria con monitoreo electrónico en una causa por tenencia de estupefacientes, encendió las alarmas de los vecinos y reactivó las investigaciones judiciales sobre el enfrentamiento de ambas bandas.
La investigación del conflicto se encuentra bajo la órbita de dos fiscalías que buscan esclarecer los ataques recientes contra viviendas y la autoría de los disparos. Como parte de esta dinámica de confrontación, el enfrentamiento se extendió a las redes sociales, donde jóvenes exhiben armamento de grueso calibre en grabaciones y fotografías. Para los peritos, este contenido audiovisual funciona como una estrategia sistemática de provocación y demostración de poder entre los grupos. A la par, las pericias balísticas intentan establecer si las mismas armas de guerra fueron empleadas en múltiples tiroteos o si existieron órdenes coordinadas de manera remota.

La rivalidad entre Casanova y Villafañe acumula un extenso historial de hechos sangrientos en la zona. Entre los antecedentes más severos figura el homicidio de Daniel Omar “Fierrito” Luna en noviembre de 2022 durante una balacera en Perú al 4.200, hecho por el cual Villafañe fue imputado por homicidio en riña. Posteriormente, en enero de 2024, Braian “Chiripa” Vélez, vinculado al sector de Casanova, fue asesinado en medio de un ataque cruzado por deudas. La escalada sumó otro capítulo violento en enero de 2025, cuando Leandro “Cantina” Álvarez, cercano a Villafañe, sobrevivió a un ataque a tiros donde la policía secuestró casi una treintena de vainas servidas.
El recorrido judicial de Casanova añade un elemento central al contexto del barrio. Tras ser detenido en Tafí Viejo durante un tiroteo en una fiesta clandestina, las fuerzas de seguridad le incautaron cocaína, vehículos de alta gama y armas. Aunque se lo vinculó preliminarmente con un cargamento de marihuana secuestrado en Trancas debido a anotaciones halladas en el lugar, la falta de pruebas concluyentes derivó en una condena a tres años de prisión mediante juicio abreviado únicamente por la droga encontrada en su propiedad. La decisión de concederle el cumplimiento de la pena en el propio Barrio Oeste II profundizó el temor a que se desequilibre el territorio.
La cotidianidad de las familias en el Oeste II cambió radicalmente debido al temor a quedar atrapadas en medio de los enfrentamientos. Los residentes evitan circular durante las horas nocturnas, mantienen a los niños resguardados al escuchar motocicletas sospechosas e impulsaron recolecciones de firmas para exigir el desalojo de inmuebles señalados como puntos de venta de drogas. En el ámbito penal, los fiscales enfrentan serias dificultades para avanzar con las declaraciones, dado que numerosos testigos modificaron sus testimonios tras recibir amenazas o solicitaron incorporarse a programas de protección. Las autoridades buscan identificar el origen del armamento y contener el avance del conflicto en la capital provincial.
















