La caída por 2-1 frente a Sarmiento significó mucho más que el quiebre de una racha de seis compromisos sin conocer la derrota para el conjunto dirigido por Julio César Falcioni. El desarrollo del juego en el estadio José Fierro puso de manifiesto las trabas de Atlético Tucumán a la hora de asumir la iniciativa y elaborar juego en campo rival.
Hasta este tropiezo, el equipo venía sosteniendo su campaña sobre la base del orden táctico, la disciplina defensiva y la eficacia en momentos puntuales. Sin embargo, al perder la firmeza en el fondo y verse ante la obligación de ser el principal animador del partido, el funcionamiento colectivo sintió el golpe tanto en lo futbolístico como en lo anímico.

En el aspecto ofensivo, la ausencia por lesión de Leandro Díaz afectó de manera directa la contundencia del ataque. Ramiro Ruiz Rodríguez ocupó la posición de centrodelantero con bastante entrega, imponiéndose en los duelos aéreos y disputando cada pelota, aunque terminó sumamente aislado debido a la falta de generación desde la mitad de la cancha. En esa zona, la inclusión de Julián Fernández en reemplazo de Leonel Vega no consiguió darle fluidez ni dominio al mediocampo. Tampoco aportaron soluciones Franco Nicola ni Lautaro Godoy para clarificar los avances, mientras que Renzo Tesuri y Nicolás Laméndola estuvieron contenidos y sin conseguir el desequilibrio habitual por los costados.
Sarmiento golpeó en dos ocasiones y sacó una ventaja decisiva. Recién allí el cuadro tucumano reaccionó con una postura más agresiva y directa, logrando el descuento a través de un tanto de Luciano Vallejo. A pesar de que ese gol devolvió las esperanzas en el tramo final, el empuje resultó insuficiente y tardío para torcer el resultado.

El encuentro dejó una lección clara para el ciclo de Falcioni: el rigor defensivo se mantiene como un pilar indispensable, pero resulta insuficiente si no se suman herramientas para romper esquemas cerrados cuando el contexto exige atacar. La oportunidad para reponerse se presentará de inmediato este miércoles en Rosario, donde Atlético se medirá contra Independiente por los octavos de final de la Copa Argentina, una prueba clave para evaluar la capacidad de respuesta del plantel tras romper su invicto.
















