A pesar de la retracción que experimenta el comercio mundial de carne equina desde hace dos décadas, la Argentina logró sostenerse como el segundo abastecedor internacional del rubro —escoltando a Mongolia— e inició la primera mitad de 2026 con un balance sumamente positivo. De acuerdo con informes elaborados por la Coordinación de Equinos de la Secretaría de Agricultura a partir de registros del Indec y de la plataforma Trade Map, entre enero y junio el país despachó 7.070 toneladas al exterior, cifra que representa una mejora interanual del 10% en volumen y un salto del 42% en los ingresos generados.
El comportamiento del mercado global exhibe una caída sostenida: si en 2006 las ventas internacionales rondaban las 157.238 toneladas, para 2025 descendieron a 93.689 toneladas, marcando una baja cercana al 40% que tuvo su piso histórico en 2022. La pauta local acompañó esta tendencia descendente desde las 35.097 toneladas registradas en 2006 hasta asentarse en 11.542 toneladas el año pasado, cuando el mapa global quedó liderado por Mongolia con 34.021 toneladas, seguido por la Argentina y por detrás Bélgica, Polonia, Uruguay y España. No obstante, el histórico argentino muestra que entre 2016 y 2025 se exportaron anualmente un promedio de 15.613 toneladas por un valor de US$52,6 millones, habiéndose alcanzado el pico de volumen en 2018 y registrando en 2025 un valor promedio de US$3.570 por tonelada, por encima del promedio de la década.
El repunte de los primeros seis meses de 2026 estuvo impulsado por importantes subas interanuales durante casi todos los meses —enero (34%), marzo (22%), abril (12%) y mayo (19%)—, amortiguando la leve caída del 2% observada en junio, mes en el que se colocaron 1.161 toneladas. En términos financieros, los primeros seis meses generaron US$29,6 millones FOB frente a los US$20,9 millones del mismo período de 2025, promediando un valor de exportación de US$3.450 por tonelada. En cuanto a la distribución geográfica del negocio, Bélgica reafirmó su liderazgo al concentrar el 47% del volumen y el 48% de la facturación (US$14,1 millones), secundada por Países Bajos (16% en volumen y US$3,97 millones) y Japón (4% en volumen y US$1,4 millones), sumando entre los tres destinos cerca de dos tercios del volumen y del valor acumulado en el año.

La actividad operativa del sector se concentra exclusivamente en tres plantas procesadoras autorizadas: Frigorífico Lamar, Infriba SA y Land L S.A., esta última vinculada al grupo de la familia Lowenstein. Al respecto, Ernesto “Tito” Lowenstein, un referente del segmento frigorífico equino, explicó que la reciente solidez de la demanda internacional se apoya en un mayor consumo global de proteínas animales y en la suba de costos de la carne vacuna. Asimismo, precisó que se trata de un rubro comercial “residual”, puesto que los caballos no se crían con destino expreso de faena, sino que provienen mayormente del medio rural cuando concluyen su ciclo de trabajo. El empresario repasó que la actividad exportadora argentina se remonta a la década de 1940 y tuvo su época de esplendor en los años 70 con más de una veintena de establecimientos, nómina que fue contrayéndose a medida que la mecanización del campo redujo la presencia de tracción a sangre.
En el aspecto normativo y sanitario, Lowenstein resaltó que colocar carne equina en el bloque europeo exige pautas estrictas de trazabilidad y seguridad alimentaria, en las que interviene activamente el Senasa para responder a las exigencias comunitarias. Entre los requisitos clave destaca la prohibición de enviar carne de equinos tratados con fenilbutazona —un antiinflamatorio común en la hípica deportiva—, obligando al organismo sanitario a aplicar un sistema de trazabilidad individual mediante microchip, receta veterinaria digital y registro de tratamientos. Finalmente, indicó que el sector mantiene vigentes programas de adecuación operativa, bienestar animal e investigación junto al proyecto internacional Respectful Life, la Universidad de Gante y en diálogo con la Fundación Zorba, combinando el desarrollo de la industria con el cumplimiento de las normativas de preservación e inocuidad.
















