Para entender la razón de ser de Zelmira Learning ayuda observar una escena habitual en cualquier aula: un alumno perdiendo el hilo de la clase, invadido por la frustración, la ansiedad y el esfuerzo por disimular que ha vuelto a quedar rezagado. La dificultad para procesar el aprendizaje en entornos tradicionales no es un caso aislado. Estimaciones globales indican que 1 de cada 6 personas vive con alguna discapacidad importante, mientras que los trastornos específicos del aprendizaje afectan a entre el 5% y el 15% de la población escolar.
Detrás de esas estadísticas hay realidades concretas. Para la emprendedora tucumana Florencia de Zavalía, la motivación nació de cerca: la discapacidad de su hermano la hizo consciente desde muy temprana edad de que las aulas convencionales no están diseñadas para recibir la diversidad de perfiles cognitivos existentes. Aunque inicialmente comenzó sus estudios universitarios en Ciencias Económicas, pronto redirigió su camino profesional hacia la Educación Especial.
En sus primeros pasos profesionales detectó que las prácticas de integración solían ser superficiales: se asumía erróneamente que adecuar contenidos implicaba facilitar excesivamente las tareas o simplemente apartar al estudiante. Considerando que cerca del 30% del alumnado requiere algún tipo de adecuación, la falta de preparación y herramientas en el cuerpo docente resultaba alarmante.

Con el objetivo de brindar una respuesta real, de Zavalía abrió su propio centro de rehabilitación e inclusión escolar (C.R.I.E.R.). Fiel a la mística emprendedora, el proyecto dio sus primeros pasos en el garage de su casa mediante una pared de durlock instalada tras haberse casado. El espacio fue creciendo progresivamente, sumando especialidades como fonoaudiología, kinesiología, psicopedagogía y maestras integradoras.
Sin embargo, persistía un cuello de botella: la escasez de tiempo y capacitación de los docentes para adaptar contenidos a la medida de cada alumno. Frente a un mercado saturado de opciones estandarizadas y enlatadas, nació la idea de desarrollar una plataforma impulsada por inteligencia artificial capaz de generar adecuaciones personalizadas para cada perfil cognitivo en apenas un minuto.
El impulso definitivo del proyecto ocurrió tras su paso por el concurso NAVES, del Centro de Entrepreneurship del IAE Business School. Esta instancia no solo brindó validación técnica y orientación, sino que permitió colaborar con laboratorios del IAE en Buenos Aires. A la par, el proyecto atrajo el respaldo de inversores como Roby Souviron (Despegar), Franco Mignacco (EXAR), Agustín Otero (San Miguel), Silvia Torres Carbonell (IAE) y miembros del Board Endeavor NOA.

En la actualidad, Zelmira Learning es empleada por docentes de primaria y secundaria, estudiantes universitarios, familias y colecciones de instituciones educativas como el Colegio San Andrés de San Isidro, Cardenal Newman y la red Itinere, además de programas empresariales de apadrinamiento. Con presencia en cinco provincias, la solución impactó a más de 3000 alumnos en un período de seis meses. Las métricas respaldan su adopción: entre julio de 2025 y marzo de 2026, el compromiso docente aumentó un 35%, mientras que la conformidad de las familias alcanzó un 70% promedio gracias al respaldo institucional de sus contenidos.
Entre sus funciones clave, la plataforma permite construir perfiles individuales por estudiante, incorporando incluso sus intereses particulares, como aficiones específicas, para contextualizar las actividades, reduciendo de forma considerable las horas de planificación y el estrés docente. En paralelo, el equipo de trabajo, integrado por profesionales como Florencia Andrieux, Tomás Fernández Murga, Santiago Flores y Sofía Olmedo, avanza en un acuerdo con JEL Aprendizaje para integrar pruebas diagnósticas tempranas en lectura y escritura.
El horizonte inmediato punta hacia la internacionalización. La empresa se encuentra levantando una ronda de inversión por US$300.000 destinada a consolidar su estructura comercial y responder a la demanda proveniente de mercados como Chile y Uruguay.
El nombre del proyecto sintetiza su filosofía: rinde homenaje a la abuela de la fundadora, referente clave en su vida, e integra una guiño simbólico con la estructura de las letras “Z” a la “A”, proponiendo invertir el abecedario para cambiar la mirada tradicional y romper con la estandarización educativa.
















